Es el tinerfeño, también, amante de sus tradiciones, desde el mantenimiento de unas típicas arquitecturas de patios y balcones de tea y cal, hasta la conservación de los usos artesanales de sus antepasados. La cerámica, bellísima y original, ignora el torno, como lo ignoraban los primitivos habitantes de la isla, y la filigrana de arte y paciencia del calado es un blanco saludo de bienvenida, surgido de la magia de los pacientes y ágiles dedos de la mujer de esta tierra.
Un folklore que alcanza su más espectacular expresión en las romerías, fiestas a la vez paganas y religiosas, en las que destaca el color de los típicos atuendos y el derroche de alegría popular. Aunque hay muchas romerías, las más famosas y concurridas son las de San Isidro, en la Orotava, San Benito, n La Laguna, y San Roque, en Garachico.
La hospitalidad forma parte del carácter de Tenerife. Es una virtud latente en el ambiente y destilada a través de la historia y de las circunstancias de la isla. Su situación geográfica, puente de paso obligado durante siglos, en la ruta entre Europa y América, la convirtió en escala y objetivo de comerciantes, aventureros, y científicos. El contacto con otras culturas y otras gentes fue, siempre, aquí habitual, incluso en las épocas en que otros territorios y naciones se cerraban en sí mismas.
Esa hospitalidad y simpatías proverbiales en Tenerife serán las que conviertan la estancia del visitante en una experiencia más agradable si cabe. Una hospitalidad que se percibirá desde el mismo momento de la llegada al aeropuerto y que se prolongara en los servicios del hotel, en los lugares de diversión, en los momentos de compra, en la vida cotidiana de sus vacaciones.
Esta excepcional calidad de las instalaciones turísticas convierte a la isla, además, en el centro ideal de congresos de todo tipo de grandes reuniones empresariales.
El clima, los paisajes y este modo natural de ser del isleño, han sido los factores que han transformado la isla en un destino turístico de primer orden. Las instalaciones hoteleras y extra hoteleras, sin duda alguna, las mas modernas, confortables y mejor dotadas que se puedan exigir están en consonancia con esa idea común de hospitalidad y su arquitectura suele amoldarse a las características del paisaje donde se ubican, en armonía con su entorno.
Trabajar, aquí, es también un placer. Porque, en Tenerife, las sonrisas son sinceras y la exquisita atención, un modo natural de actuar.
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